| | Se mueve trabajosamente pero qué dulce mirada mira de frente. Se le agrandaron los ojos como si su niño también le creciera en ellos pequeño y limpio. A veces se queda viendo quién sabe qué cosas que sus ojos blancos se le vuelven rosas. Anda entre toda la gente trabajosamente. No pude disimular, pero, a punto de llorar, la cojita, de repente, se mira el vientre y ríe. Y ríe la gente. La cojita embarazada ahorita está en su balcón y yo creo que se alegra cantándose una canción: “cojita del pie derecho y también del corazón”. | |
martes, 31 de marzo de 2009
LA COJITA ESTÁ EMBARAZADA
LA CANCIÓN DE PERONELLE
Desde un claro huerto de manzanos, Peronelle de Armentiéres dirigió al maestro Guillermo su primer rondel amoroso. Puso los versos en una cesta de frutas olorosas, y el mensaje cayó como un sol de primavera en la vida oscurecida de poeta.
Guillermo de Machaut había cumplido ya los sesenta años. Su cuerpo resentido de dolencias empezaba a inclinarse hacia la tierra. Uno de sus ojos se había apagado para siempre. Solo de vez en cuando, al oír sus antiguos versos en boca de jóvenes enamorados, se reanimaba su corazón. Pero al leer la canción de Peronelle volvió a ser joven, tomó su rabel, y aquella noche no hubo en la ciudad más gallardo cantador de serenatas.
Mordió la carne dura y fragante de las manzanas y pensó en la juventud de aquella que se las enviaba. Y su vejez retrocedió como sombra perseguida por un rayo de luz. Contestó en una carta extensa y ardiente, interpolada con poemas juveniles.
Peronelle recibió la respuesta y su corazón latió apresurado. Solo pensó en aparecer una mañana, con traje de fiesta, ante los ojos del poeta que celebraba su belleza desconocida. Pero tuvo que esperar hasta el otoño la feria de San Dionisio. Acompañana de un sirviente fiel, sus padres consintieron en dejarla ir en peregrinación hasta el santuario.
Las cartas iban y venían, cada vez más inflamadas, colmando la espera. En la primera garita del camino, el maestro aguardó a Peronelle, avergonzado de sus años y de su ojo sin luz. Con el corazón apretado de angustia, escribía versos y notas musicales para saludar su llegada.
Peronelle se acercó envuelta en el esplendor de sus dieciocho años, incapaz de ver la fealdad del hombre que la esperaba ansioso. Y la vieja sirviente no salía de su sorpresa, viendo cómo el maestro Guillermo y Peronelle pasaban las horas diciendo rondeles y baladas, oprimiéndose las manos, temblando como dos prometidos en la víspera de sus bodas.
A pesar del ardor de sus poemas, el maestro Guillermo supo amar a Peronelle con amor puro de anciano. Y ella vio pasar indiferente a los jóvenes que la alcanzaban en la ruta. Juntos visitaron las santas iglesias, y juntos se albergaron en las posadas del camino. La fiel servidora tendía sus mantas entre los dos lechos, y San Dionisio bendijo loa pureza del idilio cuando los dos enamorados se arrodillaron, con las manos juntas, al pie de su altar.
Pero ya de vuelta, en una tarde resplandeciente y a punto de separarse, Peronelle otorgó al poeta su más grande favor. Con la boca fragante, besó amorosa los labios marchitos del maestro. Y Guillermo de Machaut llevó sobre su corazón, hasta la muerte, la dorada hoja de avellano que Peronelle puso de por medio entre su beso. Juan José Arreola
sábado, 21 de marzo de 2009
MILLONARIOS
LA REINA

Yo te he nombrado reina/hay más altas que tú, más altas/hay más puras que tú, más puras/hay más bellas que tú, más bellas/pero tú eres la reina./Cuando vas por la calle nadie te reconoce/nadie ve tu corona de cristal/nadie mira la alfombra de oro rojo/que pisas donde pasas/la alfombra que no existe./Y cuando asomas/suenan todos los ríos en mi cuerpo,/sacuden el cielo las campanas/y un himno llena el mundo. Pablo Neruda
A VECES
