
Iba silbando mi trino por una calle cualquiera,
cuando a un lado del camino me encontré con la escalera.
Era una escala sencilla de rústico enmaderado
desde la calle amarilla hasta el rojo de un tejado.
¿Qué se verá desde el techo? dijo la voz de lo extraño,
y sin meditar el trecho le puse afán al peldaño.
La brisa me acompañaba en el ascenso y el alma
y mi camisa volaba junto al sinsonte y la palma.
Mientras más ganaba altura la calle me parecía
más pequeña, menos dura, como de juguetería.
Y sucedió de repente que después de alimentarme,
con la visión diferente sólo quedaba bajarme.
Dejé la altura en su calma, dejé el cielo en su horizonte,
siguió batiendo la palma, siguió volando el sinsonte.
Me encontré con la escalera cuando a un lado del camino
por una calle cualquiera iba silbando mi trino.
Silvio Rodríguez
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