sábado, 18 de abril de 2009

NIÑO MEXICANO






Estoy en donde no estoy en el Anáhuac plateado,

y en su luz como no hay otra peino un niño de mis manos.

En mis rodillas parece

flecha caída del arco,

y como flecha lo afilo meciéndolo y canturreando.

En luz tan vieja y tan niña siempre me parece hallazgo, y lo mudo y lo volteo

con el refrán que le canto.

Me miran con vida eterna sus ojos negri-azulados,

y como en costumbre eterna,

yo lo peino de mis manos.

Resinas de pino-ocote

van de su nuca a mis brazos, y es pesado y es ligero

de ser la flecha sin arco…

Lo alimento con un ritmo, y él me nutre de algún bálsamo que es el bálsamo del maya del que a mí me despojaron.

Yo juego con sus cabellos

y los abro y los repaso

y en sus cabellos recobro

a los mayas dispersados.

Hace doce años dejé

a mi niño mexicano;

pero despierta o dormida

yo lo peino de mis manos…

¡Es una maternidad

que no me cansa el regazo,

y es un éxtasis que tengo

de la gran muerte librado!

Gabriela Mistral

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